giovedì 16 luglio 2015

martedì 14 luglio 2015

domenica 12 luglio 2015

lunedì 6 luglio 2015

sabato 20 giugno 2015

Stan Grof: "Las experiencias holotrópicas y su influencia en nuestro sistema de creencias"

Para tener una perspectiva más amplia sobre el tema de la reencarnación investigaremos los cambios que se producen en nuestras creencias a lo largo de un trabajo internos y sistemático con estados holotrópicos. Nuestra creencia o incredulidad en la reencarnación, así como nuestra comprensión de lo que pudiera sobrevivir a la muerte, refleja la naturaleza y el nivel de las experiencias que hemos tenido. Una persona media perteneciente a la civilización industrial occidental cree ser su cuerpo físico. Esto limita claramente la existencia individual a un espacio de vida que abarca desde la concepción hasta el momento de la muerte. Este concepto de "un solo reloj biloógico" se halla en conflicto con la perspectiva de muchos otros grupos a lo largo de la historia. En nuestra cultura es una visión totalmente asumida por una curiosa alianza entre la ciencia materialista y las iglesias crsitianas. el problema de la reencarnación es uno de los raros campos en los que estas instituciones alcanzan un acuerdo total.

Las experiencias personales de recuerdo de vidas pasadas que encontramos en la meditación, en la
psicoterapia viviencial, en sesiones psicodélicas o en "casos de urgencia espiritual", pueden ser extremadamente auténticas y convincentes. Pueden producir un cambio drástico en nuestra visión del mundo y abrirnos al concepto de reencarnación, no como creencia, sino como una realidad existencial. En consecuencia, el énfasis de nuestra introspección tiende a cambiar considerablemente. Antes, tal vez habíamos creído que era de importancia fundamental esforzarnos por descubrir los traumas de nuestra niñez, de nuestra primera infancia y del nacimiento, porque nos habíamos dado cuenta de que eran una fuente de dificultades en nuestra vida actual. Tras el descubrimiento de la existencia de la esfera kármica, estamos más interesados en alcanzar una liberación de los patrones kármicos traumáticos, porque no sólo pueden contaminar una vida, sino también otras muchas conssecutivas.
En esta fase, a menudo seguimos teniendo experiencias adicionales de vidas pasadas que pueden ser muy ricas en detalles precisos y estar asociadas con sincronías extraordinarias. Así pues, continuamos obteniendo pruebas convincentes de la realidad y autenticidad de esta forma de entender la existencia.
Ya no pensamos en nosotros como los "egos encapsulados en la piel" de Alan Watts. En lugar de identificarnos con un individuo concreto que vive desde la concepción a la muerte, ahora poseemos un concepto más amplio de quienes somos.
Nuestra nueva identidad es la de un ser cuya existencia se extiende a lo largo de muchas vidas; algunas ya han pasado y otras nos esperan en el futuro. Para vernos de esta forma, tenemos que trascender nuestra experiencia previa de que nuestro espacio de vida está temporalmente limitado al período comprendido entre la concepción y la muerte. Al mismo tiempo, tenemos que continuar creyendo en la naturaleza absoluta de las fronteras espaciales que nos separan de otras personas y del resto del mundo. Pensamos en nosotros mismos como cadenas de vida que empiezan y acaban, considerando nuestros patrones kármicos de la misma forma. Si continuamos nuestro viaje interior, posteriores experiencias holotrópicas pueden mostrarnos que incluso las fronteras espaciales son en última instancia ilusorias y es posible disolverlas. Esto crea una perspectiva totalmente nueva del problema de la reencarnación. Ahora hemos trascendido el concepto de karma, tal como suele entenderse, porque hemos alcanzado un nivel en el que ya no existen individuos separados.
La existencia de personajes diferenciados es un requisito necesario para cualquier integración kármica. En este punto nos identificamos con el campo unificado de energía creativa- cósmica y con la Conciencia Absoluta.
Desde esta perspectiva, los dramas de vidas pasadas representan simplemente otro nivel de ilusión, el juego de mâyâ. Entonces se vuelve obvio que todas las vidas tienen de hecho un solo protagonista y que, en definitiva, todas están vacías de sustancia.
Ahora ya no creemos en el karma, sin duda no del mismo modo en que lo hacíamos antes. Esta forma de incredulidad es de un orden totalmente diferente a la del escéptico y a la del ateo materialista.
Aún recordamos la época en  que vivíamos en un estado totalmente limitado de conciencia y rechazábamos la idea de la reencarnación como escencialmente ridícula y absurda.
También somos conscientes del hecho de que experiencias intensas y convincentes pueden dirigirnos hacia un nivel de conciencia en el que la reencarnación no es un concepto sino una realidad vivida.
Y sabemos qaue incluso esta fase puede trascenderse cuando nuestro proceso de indagación interna nos enfrenta a experiencias que nos hacen entender la relatividad de todas las fronteras y la vacuidad fundamental de todas las formas.
Ni la negación categórica de la posibilidad de la reencarnación, ni la creencia en su existencia objetiva son verdad en un sentido absoluto. Los tres enfoques mencionados a este problema son existencialmente muy reales y cada uno de ellos refleja un cierto nivel de comprensión profunda del orden universal de las cosas. En última instancia, sólo la existencia del mismo principio creador es real. Tanto el mundo en el que la reencarnación parece imposible como el mundo en el que parece ser un hecho innegable son realidades virtuales creadas por una orquestación de experiencias. Por esta razón, el juego cósmico puede incluir guiones que, desde nuestra perspectiva cotidiana limitada, pueden parecer incompatibles y en conflicto entre sí. En la Mente Universal y en su obra divina pueden coexistir sin ningún problema.
"El juego cósmico"

lunedì 3 marzo 2014

REENCUENTRO CON LAS VIDAS PASADAS

“Lo único que le podemos dar a Dios es nosotros mismos, nuestro estado inmediato, cualquier cosa que sea lo que estamos experimentando. Lo damos deviniendo Una Unidad con nosotros mismos, completos en la inmediatez de nosotros mismos. Cuando empezamos a vivir esta comprensión, empezamos a vivir “Lo único que le podemos dar a Dios es nosotros mismos, nuestro estado inmediato, cualquier cosa que sea lo que estamos experimentando. Lo damos deviniendo Una Unidad con nosotros mismos, completos en la inmediatez de nosotros mismos. Cuando empezamos a vivir esta comprensión, empezamos a vivir una vida de fe”. Richard Moss M.D.
Algo nuevo sucedió otra vez. Al pensar en ello ahora me invade la sorpresa y la maravilla que probé en ese momento. El recuerdo de esa experiencia en pleno corazón de la selva evoca aquello que Alberto Einstein dijo: “La más profunda y hermosa emoción que podemos experimentar es la sensación de lo místico”. Y esa noche fue especial para mí porque mi conciencia vibró muy alto y fui bendecida al experimentar una nueva dimensión de mi ser.
Me encontraba en la Amazonia peruana formando parte de un reducido grupo de personas reunido en amorosa convivencia desde la más diversa singularidad: pertenecíamos a países y lenguas diferentes.
Ese momento de mi vida respondía al deseo profundo de mi alma zambullirse en lo desconocido de ella misma. Cuando permitimos que la conciencia se confronte con nuevas experiencias estamos auspiciando el conocimiento de nosotros mismos. No cabía duda que aquel momento y aquel entorno era altamente favorablemente para ello.
La selva cobija en su interior una fuerte energía que impulsa a la conciencia a moverse fuera del ámbito ordinario. “Aquí, frente a los grandes misterios de la vida, en la oscuridad de nosotros mismos, residen los portales a una nueva posibilidad. Aquí está el potencial para la evolución del alma y la inteligencia de la humanidad”, explica Richard Moss en su libro “La Mariposa Negra”. El silencio profundo es el regalo de la Madre Naturaleza a sus hijos sedientos de paz.
Luego de más de una semana en permanente comunión con esa maravillosa energía podía dar cuenta de la necesidad de aprender modos diferentes de funcionamiento. El mundo de todos los días se había esfumado y todo revestía una expectante novedad. De a poco, mi atención se focalizaba en esa nueva realidad que me alentaba a responder desde un nuevo lugar.

Descubrí que el valor de la experiencia radica en brindarnos la posibilidad de volvernos creativos –y no reactivos- en una bendita oportunidad de transformación. Y así vivencié que abrirme y entregarme a la vida, que abrirme y dejarme penetrar por la vida, que dejarme sentir en la apertura y en la entrega: era el gran aprendizaje de mi alma en esta encarnación. Pero como ese aprendizaje no me resultaba nada fácil, ese momento a cielo abierto disparó en mí toda una artillería de resistencia… y sufría… sufría en ellas por que el dolor no es más que la resistencia a la entrega. Mi alma continuamente crea este tipo de experiencias para que experimente la vida en la entrega y la fe. Me coloca en situaciones especiales para que finalmente me suelte y dé el gran salto.

Por la noche, todo el Universo nos acompañaba brindándose amorosamente. Mi conciencia enfocaba en las infinitas sensaciones corporales que vivenciaba. Atravesarlas era y es un gran desafío. Ese era el portal para experimentar mi encarnación pero, sin embargo, no me resultaba sencillo penetrarlas. En determinados momentos mi conciencia se desenfocaba y “volaba” tratando de evitarlas. Mi respiración se agitaba y mi corazón se aceleraba en ese aprendizaje aunque desde un lugar muy profundo dentro mío sentía el aliento para seguir adelante. A medida que lograba no oponer resistencia a la experiencia, nuevas sensaciones despertaban en mí que me convertían en una persona más receptiva. Pero en la pelea para acercarme a ellas, cuando no podía identificar sensaciones conocidas, me invadía el miedo creando una tensión interna que nada tenían que ver con la paz y la entrega. Y así descubrí que si realmente quería explorar lo desconocido tenía que hacer frente a esos nuevos niveles de energía. Para ello me concentré en acompañar mi respiración con el palpitar de la poderosa energía de la Madre Naturaleza y así, seguí adelante.
En el ahora yo puedo acercarme a esto. Es el único momento existente, es el momento de poder…
¿Qué es experimentar la encarnación? Es llevar la conciencia al nivel corporal para trabajar directamente con estas energías más densas. En ese sentido, el Doctor Moss explica que “cuando no podemos mantener la atención a este nivel pero tendemos a salirnos hacia el cuerpo sutil y valoramos la experiencia psíquica y energética por encima de la ordinariedad física, existe una tendencia a perder el asentamiento”.
Si bien finalmente decidí acostarme sobre una delgada colchoneta, momentos antes todo mi ser buscó expresarse en una mágica danza guiada por el son de un tambor. La música me invitaba a vibrar junto a ella y así lo hice. Me sentí más viva y más feliz.
La respiración se convirtió en la guía conductora de este Viaje. Focalizarme en el ritmo respiratorio me llevó, sin proponérmelo, al encuentro con energías diferentes.
El tiempo no existía. Sólo podía oír los sonidos que encantaban a mis sentidos. En mi interior había silencio, un gran silencio que me permitía abrirme al acontecer. El momento era tan magnético que me revelaba su eternidad. Me sentía penetrada por esa atemporalidad y sentía a mi ser expandirse en luz. La música me facilitaba entregarme al momento ya que disfrutaba danzar con ella. La paz que me invadió en ese momento resultó una experiencia maravillosa… y así mi ser se extendió más y más, en una conciencia que respiraba al unísono con toda la tierra.

Lic. Annamaria Saracco